Evangelización por las plazas.

«Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»  (Mt 10, 7)

Durante este tiempo Pascual, somos invitados a salir los Domingos a las plazas a anunciar la Buena Noticia de la Resurrección de Cristo.

En el territorio parroquial (plaza de la parroquia, Parterre) o fuera de él (Villanueva de Castellón, Caudete de las Fuentes, …), o en los lugares que se asignen a cada comunidad somos convocados a realizar esta gran misión de evangelizar.

¡Cristo, verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya, Aleluya!

Estatutos del Camino Neocatecumenal. Art 17.2)
Los neocatecúmenos colaboran «activamente en la evangelización y en la edificación de la Iglesia»[1] ante todo siendo lo que son:[2] su propósito de vivir de modo auténtico la vocación cristiana se traduce en un testimonio eficaz para los demás, en un estímulo al redescubrimiento de valores cristianos que podrían de otro modo quedar casi ocultos.

[1]    OICA, 19, 4.
[2]    Cfr. Pablo VI, Audiencia general, 8 mayo 1974, en Notitiae, 95-96 [1974], 230: «Este empeño, mientras para vosotros es un modo auténtico de vivir la vocación cristiana, se traduce también en un testimonio eficaz para los demás – hacéis apostolado sólo siendo lo que sois –, en un estímulo al redescubrimiento y a la recuperación de valores cristianos verdaderos, auténticos, efectivos que podrían de otro modo quedar casi ocultos, escondidos y casi diluidos en la vida ordinaria».

Art 23.1

"... el Camino Neocatecumenal contribuye a la renovación parroquial deseada por el Magisterio de la Iglesia de promover «nuevos métodos y nuevas estructuras», que eviten el anonimato y la masificación,[1] y de considerar «la parroquia como comunidad de comunidades»,[2] que «descentralizan y articulan la comunidad parroquial».[3]
[1]    Cfr. Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia de los Obispos católicos de Ontario, en L’Oss. Rom., 5 mayo 1999: «No hay que permitir que el anonimato de las ciudades invada nuestras comunidades eucarísticas. Hay que encontrar nuevos métodos y nuevas estructuras para construir puentes entre las personas, de manera que se realice realmente la experiencia de acogida recíproca y de cercanía que la fraternidad cristiana requiere. Podría ser que esta experiencia y que la catequesis que debe acompañarla se realizan mejor en comunidades más reducidas, como es precisado en la Exhortación Postsinodal: “Una vía de renovación parroquial, especialmente urgente en las parroquias de las grandes ciudades, se puede encontrar considerando la parroquia como comunidad de comunidades” (Ecclesia in America, n. 41)».
     Juan Pablo II, En la parroquia de Santa María Goretti, 31 enero 1988, en L’Oss. Rom., 1-2 febrero 1988: «Hay un modo, pienso yo, de reconstruir la parroquia basándose en la experiencia neocatecumenal… Es muy coherente con la naturaleza misma de la parroquia».
     Juan Pablo II, Mensaje a los Obispos de Europa reunidos en Viena, 12 abril 1993: «[Dichas comunidades] forman células vivas de la Iglesia, renuevan la vitalidad de la parroquia mediante cristianos maduros capaces de testimoniar la verdad con una fe radicalmente vivida».
[2]    Juan Pablo II, exhort. apost. Ecclesia in America, n. 41: «Una vía de renovación parroquial, especialmente urgente en las parroquias de las grandes ciudades, se puede encontrar quizá considerando la parroquia como comunidad de comunidades».[3]    Juan Pablo II, exhort. apost. Redemptoris missio, 51.